Sin lugar a dudas, los grandes beneficiarios de la Guerra Civil han sido los vencedores. Durante la sangrienta dictadura, se situaron cómodamente dentro del aparato del Estado y también en la empresa privada y no tan privada. Se beneficiaron económicamente del mangoneo, el estraperlo y el derecho de conquista. La clase de tropa también sacó provecho de su lealtad recibiendo un trabajo en algún ministerio o institución del Estado.
La transición española también les beneficio. De un plumazo, los fascistas, franquistas, asesinos, torturadores, censores, especuladores, represores, terratenientes… se convirtieron por arte de magia, no solo en demócratas de toda la vida, si no en virulentos defensores de la Constitución Española.
La transición trajo la democracia, pero, a su vez legitimo la Dictadura. Todos sus crímenes desaparecieron al igual que sus victimas. Una amnesia colectiva se adueño del país, por miedo, por pereza mental, por cansancio… La amnesia del vencido. Por eso, aún tenemos leyes y símbolos franquistas, concordatos con la Santa Sede firmados durante el franquismo, selecciones deportivas impuestas por el franquismo, una historia manipulada hasta el absurdo por el franquismo…
El franquismo sigue aún muy vivo en esta democracia. Porque ellos, los franquistas, siguen vigilantes. Vigilantes para dar respuesta a cualquier cambio que traiga una mayor libertad para los ciudadanos. Ahora, con el Neoliberalismo fundamentalista, están que no cagan. Es como el franquismo, pero más moderno, versátil y chic. La utilización por los Neocon de la mentira, la manipulación, la violencia verbal, el fusilamiento mediático, el chantaje… ya les va bien. Son métodos que ya conocen de los tiempos del nacional-catolicismo. Y han descubierto que, democráticamente, también se puede crear una dictadura legal con elecciones cada cuatro años.
Aznar los ha sacado del armario. Están contentos y orgullosos de ser franquistas y eso de que Aznar sea amigo de Bush ha cambiado los papeles. Ya no son amigos de Hitler, ahora son aliados de los EEUU. Y insultan, a los rojos separatistas de toda la vida, llamándoles fascistas o nazis. Demencial.
Y en sus filas, aparecen grandes cerebros unineuronales que tergiversan la historia hasta tal punto que ahora, parece que, Franco fue simplemente un gobernante autoritario. Que el castellano núnca fue impuesto a nadie. Que el Gobierno de la República dio un golpe de estado antes del 36. Que Franco no mató a nadie, que lo único que hizo fue castigar a los rojos. Y que, como dice el Oreja, con Franco se vivía estupendamente…
Y en este camino, que va desde la dictadura franquista a la dictadura liberal, olvidaremos totalmente a las victimas, a los luchadores, a los que creyeron en un mundo mejor. Simplemente, porque perdimos la guerra, porque perdimos la transición y porque los de la UDM no dieron un golpe militar como los portugueses y, sobre todo, porque Franco murió en la cama.
Y seguiremos flotando en esa extraña paradoja surrealista donde los jueces juzgan a dictadores lejanos. Donde se buscan los cuerpos de los asesinados, por dictaduras lejanas, en fosas comunes. Donde se mandan soldados a defender los ideales democráticos en regiones remotas. Mientras, aquí, las victimas de la dictadura, nuestras victimas, aún encuentran impedimentos para todo lo concerniente al pasado. Las sentencias ilegales siguen sin anularse. Y, poco a poco, se van consumiendo los últimos testimonios de la barbarie, para alegría de muchos.
Y en un futuro no muy lejano, esta barbarie y este sufrimiento serán solo tres líneas de texto, en un libro escolar de historia, que contará lo beneficiosa que fue la democracia orgánica del beato Francisco Franco. Y es que, en eso de manipular la historia y la vida, el estado español tiene los huevos pelados.

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