El gobierno se queja de la continúa filtración de documentación reservada
La carencia durante la transición democrática de una “limpieza” de los aparatos de seguridad del Estado –policía nacional, guardia civil y servicios de inteligencia- para de depurar los elementos más extremistas, conjuntamente con los problemas que sufrieron los primeros gobiernos de los PSOE para que todos estos servicios no depurados le fueran no ya fieles, sino simplemente que cumplieran aquello que se les mandaba, ha ido dejando un poso en unas estructuras de seguridad que habrían de estar al servicio del Estado y no dejarse llevar por unos intereses partidistas determinados. Ciertamente, la carencia de tradición democrática española junto con la política de la transición de olvidar el que habían hecho tanto los cuerpos de seguridad como de inteligencia durante el franquismo, eran cuestiones a tener en cuenta 25 años atrás por tal de echar adelante un muy débil proceso democrático. El problema es que todavía hoy, después de que tres formaciones políticas diferentes hayan pasado por la presidencia del Estado, y que haya habido un saludable intercambio democrático con respecto a personas y partidos en el poder, demasiado a menudo los aparatos de seguridad del Estado, o más bien dicho, algunos de sus altos cargos, han decidido poner la información secreta y privilegiada de la que son responsables, a disposición de una opción política determinada. No es de extrañar que sean unos determinados medios conservadores, los que publiquen informaciones que les son facilitadas directamente por miembros de estos servicios, como tampoco lo es, que otras mediados de tendencia progresista publiquen de otras.
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