Recuerdo, cuando en los sótanos de la iglesia de mi barrio, se reunían los de Comisiones Obreras. Los curas obreros, inspirados por Juan XXIII en su concilio, les facilitaban las cosas. Tiempos duros. Palizas, torturas, cárcel… Podías estar de acuerdo con su ideología o no, ya que eran del PSUC (comunistas), pero como mínimo merecían un respeto por su lucha, su coraje y la defensa de la clase obrera. Pues ya ves lo que son las cosas. Ahora, el Fidalgo (ese presidente de CCOO que le dice charnego a Montilla) es un admirador de Aznar y se entiende muy bien con el PP, partido nacido de aquella Alianza Popular (AP) fundada por los franquistas, los que aporreaban a los huelguistas, y se ve que hay gente del sindicato que tiene algún follon con la justicia por unos duros de nada. Ya veis, todo ha cambiado. Sindicatos solo de funcionarios con sindicalistas liberados, curas obreros envejecidos y… ¡Cielos!, ¡pero que digo!, los franquistas no han cambiado nada y los obispos del brazo en alto tampoco. Coño, quizás no hemos cambiado tanto como pensaba. 

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