El levantamiento popular del 2 de Mayo y la guerra que siguió para expulsar a los franceses de España y, el retorno de Fernando VII “el Deseado”, no creo que fuera un buen negocio para los españoles.

Fernando VII, conspirador nato, no paró hasta conseguir que su padre abdicara en su favor. Pero, después, en Bayona, Carlos IV afirmó que la renuncia al trono producida tras el motín de Aranjuez era nula y exigió su devolución. A cambio de asilo en Francia para él, su mujer y su favorito Godoy, así como una sustancial pensión (30 millones de reales anuales) cedió su trono a Napoleón. Y Fernando VII hizo lo mismo a cambio de un castillo y de una pensión anual de cuatro millones de reales. Era el 5 de mayo de 1808. La corona de España, pues, recayó en Napoleón,

Mientras los españoles luchaban en una guerra atroz, el estaba “recluido” en el castillo de Valençay, propiedad del Príncipe de Benevento y, permanecería en Valençay hasta el final de la Guerra de la Independencia. Sin embargo, sus condiciones de cautiverio no fueron muy severas; el Rey y su hermano recibían clases de baile y música, salían a montar o a pescar y organizaban bailes y cenas. Durante este tiempo intentó buscarse una “posición” adulando a Bonaparte.

Mientras, la guerra continúa. Los ingleses, con la excusa de la guerra, destruyen todas las industrias que puedan hacerle sombra en tiempos de paz. En las Cortes de Cádiz, se redacta y aprueba la Constitución de 1812 y (parece mentira) pero no se cuestiona en ningún momento la persona del monarca y lo declaran como único y legítimo rey de España.

Se acaba la guerra y el “Deseado” vuelve. En esa España eterna, las cosas son igualito que ahora, están los defensores de la Constitución de 1812 y los defensores de los Privilegios. El Deseado se pone de parte de los retrógrados de la época y declara la Monarquía Absoluta.

El país no solo no funciona, sino que además se persigue y elimina a los afrancesados, los constitucionalistas, los liberales y todo aquel que diga alguna cosa de la monarquía, lo de siempre. Se cierran Universidades, periódicos y se devuelven las propiedades confiscadas a la Iglesia. También se Independizan la mayoría de territorios de América, hasta allí han llegado los aires de los derechos del hombre. Y cuando las cosas pintan mal para el monarca, vienen los Cien mil hijos de San Luis (ejercito francés) para mantener la Monarquía absoluta española.

Para remate final, una vez muerto, por un follón en la sucesión del trono empieza la primera guerra Carlista. Realmente, para cagarse.

En definitiva, igual nos hubiera ido mejor con José Bonaparte como rey de las Españas.

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