El autor de El nacionalismo lingüístico opone argumentos a los de los firmantes del Manifiesto por la lengua común.

–¿Los firmantes del Manifiesto por la lengua común yerran?
–No. Son coherentes con una ideología nacionalista: el nacionalismo lingüístico español. Pero no dicen nada novedoso…

–¿Qué quiere decir?
–El manifiesto tiene unos fundamentos similares a los expuestos por la Real Academia Española en un escrito que elevó al presidente de las Cortes en 1978. Pedía que, en el artículo segundo de la Constitución, el que habla de las lenguas españolas, constase que el castellano es la lengua española por antonomasia.

–La petición no fue aceptada.
–¡Pero se actúa como si lo hubiera sido! Las demás lenguas españolas están en un segundo plano. Se las considera menos útiles, regionales, minoritarias. Ahora eso se repite en el manifiesto, que empieza diciendo que existen lenguas españolas, pero que hay una que está por encima, que es la lengua de la comunicación, la democracia, la ciencia. En la nueva versión incluso se le da un enfoque economicista, se la asocia a una “inversión en capital cultural”.

–El castellano gana en hablantes.
–Cuando una lengua se expande se debe a cuestiones políticas, no a razones lingüísticas. No es más apta ni más rica ni mejor. ¿Y cómo se enmascara esto? Diciendo que la lengua española tiene una serie de valores intrínsecos superiores a las demás. El manifiesto insiste en eso.

–Detrás están Vargas Llosa, Pombo, Savater… ¡Iker Casillas!
–No se dan cuenta de que lo suyo es una ideología ferozmente nacionalista. El gran problema de esta ideología nacionalista es que no es concebida como nacionalista. Se la concibe como ideología cívica. No tiene valores étnicos, ni identitarios y, por eso, se asocia el español con “libertad” y “democracia”, cosa que despoja automáticamente a las otras lenguas de esos valores. La manipulación es terrible, pero lo peor es que la gente no es consciente de esa manipulación. El nacionalismo español es el más radical y excluyente.

–Ellos dicen que los derechos pertenecen a los ciudadanos, no a los territorios.
–Son los mismos que ven natural que el español sea oficial en todo el territorio. En la ideología nacionalista española el castellano es el español. Y a los que hablamos español nos parece muy bien, pero el apoyo que le da el Gobierno no tiene como objetivo apoyar a los españoles sino hacer de menos a las otras lenguas.

–Usted, madrileño sin mácula, admite haber tenido prejuicios.
–Los tuve, pero un mayor conocimiento de la realidad lingüística me ayudó a eliminarlos. Me duele que mis colegas, que saben lo mismo que yo, no luchen en esa dirección. La ciencia no es una disciplina inmune a las relaciones de poder.

–Dé un argumento inapelable.
–La lengua correcta, la de la RAE, la del diccionario y la gramática, no es una lengua real. La gente piensa que la lengua coloquial no es más que una realización imprecisa de ese modelo. Y no es así. Es el modelo el que se basa en la lengua hablada.

–Prosiga.
–Se dice que el español tiene 450 millones de hablantes. ¿Dominan todos la lengua estándar culta? No. Tiene muchísimas variedades.

–De acuerdo.
–No se puede decir que el catalán o el vasco son un conjunto de hablas, porque el español también lo es. Ocurre que, de todas las variedades, se seleccionó lo que se llama un dialecto, el castellano, y se lo asoció con la construcción de un Estado supranacional, central y fuerte. Por tanto, el español es una especie de idea de carácter político que se estableció basándose en el dialecto castellano.

–¿Cuándo empezó todo?
–En el siglo XIII, el castellano empezó a usarse en la corte de Alfonso X para cuestiones administrativas. Conforme se unieron los reinos y Castilla adquirió poder, el dialecto castellano, que no tenía valor literario, se impuso como modelo, asociado al poder central.

–Demasiado tiempo ha pasado. ¿Ve alguna solución?
–España es un Estado multinacional y es evidente que hay un derecho de autodeterminación que es absolutamente necesario respetar. La situación mejorará cuando los pueblos vasco, catalán y gallego decidan cómo quieren ser. Lo que no es de recibo es que el Parlamento catalán esté secuestrado por el español. Cada vez que toma una decisión, el Parlamento español se inventa artículos de inconstitucionalidad.

–¿Algún antepasado catalán?
–No. Solo quiero defender mi lengua, que no se la asocie a imposición ni a imperialismo alguno.

–Señale un error de los catalanes al plantear su defensa de la lengua.
–Les reprocho que no hayan sido más intransigentes en su uso. Deberían hablarlo en Madrid. En el Congreso. En las entrevistas.

Entrevista de NÚRIA NAVARRO para elperiodico

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