Ver películas viejas a veces resulta sorprendente, en la trilogía de “La Profecía”, concretamente en la segunda película, podemos ver como el Anticristo, dueño de una multinacional, pretende comprar todas las tierras de cultivo del mundo para controlar las cosechas con la excusa de paliar el hambre en el mundo. Uno de los directivos de la multinacional, contrario a esta política por dejar a los pobres sin tierra para su subsistencia, es asesinado por el maligno.

 

El argumento tiene su que, pero, a la práctica supongo que resultaría muy caro, incluso para una multinacional. No obstante, años después de ver la película, con la investigación genética, aparecieron los transgénicos. Y resulta que el plan del Anticristo de la película resulta posible y barato. Así que, las multinaciones se ponen a trabajar para controlar las cosechas de todo el mundo. La excusa es la misma, paliar el hambre en el mundo. Pero, ese argumento bien intencionado tiene trampa y la realidad es otra. La patente de las semillas obliga a todo el mundo a comprarlas a las multinacionales y a utilizar sus pesticidas cada vez que cultive, por ello, solo podrán cultivar los que dispongan de dinero para ello.

Además, las leyes sobre patentes están de parte de las multinacionales a pesar de que los transgénicos son invasores que contaminan a los cultivos próximos (Monsanto, la mayor productora de semillas transgénicas, derrotó definitivamente al campesino canadiense Percy Schmeiser al que acusó de tener en sus cultivos genes patentados por esa trasnacional. Se trataba de canola transgénica, tolerante al herbicida Roundup Ready también de Monsanto, cuya siembra en parcelas vecinas contaminó la siembra de Schmeiser).

 

La edad media vuelve, los agricultores tendrán que ceder parte de su cosecha al señor de turno para poder sembrar en este nuevo sistema feudal, pero, lo jodido es que eso no se va a detener aquí, hemos empezado por la agricultura y ya veremos donde acabamos. Quizás llegue un momento en que tengamos que pagar por respirar como ocurría en otra película “Desafío total”.

 

En definitiva, el fin del Anticristo por las huestes del bien de la trilogía de “La Profecía” era un cuento para niños. Que pena.  

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