Un extraño silencio resuena en Cataluña, la ausencia de argumentos favorables a la pertenencia al Estado español. Hay quien dice que a España le conviene, o que Cataluña no tiene nada que decidir, o que Cataluña no existe, pero nadie ha dicho ni una palabra sobre qué ganan Cataluña y los catalanes con la dependencia. La sumisión sólo es sostenible si el dependiente recibe protección a cambio, como Cataluña que recibía hasta la entrada en la Unión Europea y el euro, porque la pertenencia al Estado de los españoles le permitía un acceso libre a su mercado, y el expolio fiscal contra los catalanes solo representaba una presión fiscal del 10% del PIB (ahora es el 40%). Incorporados los mercados español y catalán en el mercado único europeo, y perdidas por los gobernantes españoles la moneda, la fijación de los tipos de interés y los tipos de cambio y los aranceles y permisos de importación y exportación, los catalanes ya no ganan nada comercialmente por pertenecer al Estado de los españoles, y el resultado inevitable es la disminución constante de la importancia relativa de su mercado, donde ahora, Cataluña vende menos del 40% de su producción, menos de lo que vende fuera, y compra menos del 35% de sus importaciones. La dependencia ya no tiene la contrapartida del acceso privilegiado al mercado español, que es de riesgo por ser el único donde los productos catalanes son boicoteados por serlo (práctica confesadas por el 21% de los madrileños, según Abc).
A menudo se murmura que la independencia no es posible porque no nos dejarán y sacarán los tanques, proyectando al presente los fantasmas sangrientos del pasado. No hay, sin embargo, ningún peligro, los españoles no están dispuestos a pagar el precio de volver a ser la Birmania de Europa como la dictadura, un Estado paria, pobre, aislado y autoritario, y perder la prosperidad y la democracia. Los partidarios de la intervención del ejército para impedir las independencias de Euskadi y Cataluña no llegan ni al 40%, según encuesta de El Mundo. Contra nuestra voluntad democrática, mayoritaria y pacífica, su violencia y Ejército son un tigre de papel.
Fracasado el Estatut en el intento de alcanzar, ya que no un Estado propio, sino un Estado propicio, la viabilidad de Cataluña no es sostenible con el Estado a la contra. Sólo el fin del expolio fiscal, si nos dejaran de robar los 20.000 millones de euros cada año, multiplicariamos por 2 la aportación a la sanidad, por 4 la enseñanza, y por 16 a la obra pública. El año 2007 cruzamos un umbral, tener menos profesores y ordenadores por aula y por alumno, y menos personal sanitario y camas hospitalarias por habitante que la media del Estado. El año 2006 perdimos 13.200 puestos de trabajo de titulación superior (universitaria o profesional de 3 º grado), mientras que Madrid ganaba 46.490 y en todo el Estado 201.050. El resultado es que Catalunya está ya por debajo de la media, mientras nuestros estudiantes sólo reciben del Estado el 4,8% de las becas, cuando son el 14,8%, y los titulados de las universidades catalanas sólo son el 11% del total estatal. Es el éxito del secular proyecto español de oprimir Cataluña que pasa de los dirigentes de Franco (“A estos catalanes hay que ahogarlos económicamente“) a los de González (“El futuro económico de Cataluña es ser un país de albañil y camareros“) y Zapatero (“Esto es la prueba de que el sistema funciona“, refiriéndose al volumen del expolio fiscal catalán). Esto es lo que hay, porque la frase de Pujol sobre el proceso estatutario (“Nos hemos visto en el espejo y no les hemos gustado, no nos hemos gustado, y no nos han gustado”) le falta que ellos también se han visto al espejo, y se han gustado.
Después de treinta años de catalanismo autonomista, es la hora del balance, encallados durante una década en la frustración repetitiva del fracaso de toda pretensión catalana que dependa de la voluntad de España. Sin ganancias ni objetivos, no es ahora el autonomismo sino el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón, el opio del pueblo, impotente para concebir más futuro que la dependencia perpetua, y de contestar unas simples preguntas: ¿cuáles son ahora las razones favorables a la continuidad de Catalunya dentro y bajo el Estado de los españoles?, ¿qué ganamos los catalanes?, ¿que perdemos los catalanes por estar en ese Estado?. Apenas ha comenzado una crisis que desnudara aún más la irrelevancia de nuestras instituciones y representantes, que hablarán y propondrán sin decidir nada, porque no tienen nada que decidir. Dirán y se creerán que se ocupan de los problemas de la gente, pero sólo hablarán, porque es lo único que pueden hacer, además de intentar convencer a los gobernantes españoles, con el éxito acreditado que no hay que recordar: crueldad, la justa. Según Rajoy, “la Generalidad está para hacer carreteras y poca cosa más“. No es un deseo, describe la realidad.
Si del balance resulta que en España no hay nada que hacer, que sólo nos quieren para pagar y obedecer, que cada año perdemos dinero y oportunidades, que nos llevan a la ruina en beneficio de ellos, que nos mandan y nos desprecian, sólo queda definir y ejecutar el business plan de escisión de la rama ruinosas de la empresa Cataluña que se llama España, porque ha resultado un mal negocio sin remedio. O languidecer hasta la extinción.

Alfons López Tena / Notario. Presidente del Cercle d’Estudis Sobiranistes info@cercleestudissobiranistes.cat
Noticia publicada en el diario AVUI, página 24. Domingo, 12 de octubre de 2008

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